Mostrando entradas con la etiqueta frío. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta frío. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de agosto de 2023

FIEBRE Y COMPASIÓN DE LOS METALES, Mª Ángeles Pérez López

Poesía

Vaso Roto

2016

56 páginas

Este es un libro metálico y técnico, poemas muy densos, con un ritmo que me ha recordado a Javier Lostalé. 
Claro, no es un tema que me entusiasme, los metales, a menudo usados para cortar o agredir: el cuchillo del carnicero, hacha, cuchilla, bisturí, punzón, tijeras, martillo, yunque. Sin embargo sí me ha gustado el paralelismo con las palabras, la poesía como vehículo que transforma la frialdad del metal en palabras, compactas, intensas y cargadas de imágenes.
Aún así, me han parecido poemas demasiado técnicos, muy bien acabados, pulidos, encajados, pero alejados de la alegría de la libertad temática. Solo en dos o tres poemas la autora parece desligarse se la amalgama metálica para encontrar filones metafóricos y sentimientos alejados de lo que despiertan esos reflejos bruñidos. 
La compasión es el otro sentimiento que aparece en el poemario y humaniza en cierto modo la finalidad con que fue creado el instrumento metálico. La sensación que me dejaba cada día al leer uno o dos poemas era de dureza fría y carente de emoción.




miércoles, 26 de diciembre de 2007

Días de niebla: Navidad

He visto un belén fantástico, donde lo importante no eran las figuras, ni tal vez lo que representaban, sino el decorado, las casas, las calles, casas castellanas de pueblos en vía de extinción, construcciones de otras épocas que han llegado hasta no hace muchos años. Reflejaban la pobreza, la devastación, la imposibilidad de cuidar el patrimonio entre guerras y pobreza, el aprovechar de forma compulsiva todos los recursos existentes, aún a riesgo de destrozar toda la estética, a riesgo de perder la compostura incluso. Ese decorado transmitía frío, el mismo que hacía en la calle, en la que dos horas antes de que abrieran el comedor solidario en nochebuena dos personas hacían cola en la puerta, sin otra cosa mejor que hacer, acompañados por una niebla preciosa pero que helaba los huesos y deformaba las siluetas de los monumentos próximos.
He tenido la sensación de haber visto ese decorado o parte de él en tamaño real, en algún pueblo perdido de Castilla, de sentir el frío que transmitía y la efímera sensación de la Navidad, algo difícil de explicar, muy personal, muy individual, muchos años atrás.