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jueves, 4 de diciembre de 2008

Publicidad original


La gente se las ingenia como puede para vender lo que sea, bien a través de la Red, bien a través de los métodos publicitarios más diversos. Hace poco comencé a fijarme en que las farolas de las avenidas principales estaban llenas de carteles caseros y restos de otros que ya habían fenecido, por superposición, por los elementos climáticos, porque alguien los había arrancado. Es curioso como los árboles se respetan más o menos, pero todo el mundo utiliza las farolas, de hecho en el trayecto del paseo que estaba realizando hace unos días (cuando obtuve esta fotografía), comprobé que todas estaban ocupadas. En estos tiempos en los que la economía flojea todo el mundo está dispuesto a vender algo, sin intermediarios, y a ser posible pagando los menos impuestos posibles. Además lo que me llamó la atención es que no sólo los carteles caseros ofrecían cosas o demandaban trabajo, los había también de objetos perdidos o personas desaparecidas. Me llamó mucho la atención uno en el que se decía: "buscamos vaquita de peluche desaparecida el pasado sábado en este trayecto,..."; pobre niño el que lo hubiera perdido, seguro que era su mascota favorita, aunque tal vez algún otro niño haya prohijado a la vaquita.
Deben de tener mucho público las farolas, porque ya digo que estaban todas cubiertas, hasta bastante altura, y pude comprobar como varios señores con aspecto de jubilados, leían con atención varios de estos anuncios; a buen seguro si encuentran algo interesante luego se lo transmitirán a sus hijos o a sus nietos: "un chollo de piso o un coche en perfecto estado, o una camada de cachorros de Pastor Alemán preciosos,...". Todo un mundo éste de la publicidad en las farolas en el que apenas me había parado a pensar.

martes, 22 de abril de 2008

Bosque de acero

Ayer, mientras paseaba con el bebé me dediqué a observar una de las consecuencias de la tan cacareada remodelación de la Avenida de Salamanca, y esa contemplación me hizo pensar en la vida tan volcada en el consumo, en los impuestos indirectos, en la publicidad invasora, en las comisiones por doquier sin que puedas fiarte de nadie: en un pequeño espacio con forma de media luna, en principio dedicada a jardín, en una esquina de un puente sobre el río, con una vista magnífica desde la carretera, se han plantado 27 árboles y se ha sembrado de césped. A continuación se han colocado nada menos que 18 postes metálicos para sostener carteles publicitarios enormes que ocultan toda la vista del río al tiempo que distraen a los automovilistas. Es terrible la ocupación de espacios urbanos por mobiliario destinado a la publicidad. ¿Dónde van todos esos ingresos?, ¿se gastan en las propias obras?, ¿estos anuncios son efectivos en nuestra sociedad?, ¿provocan algún tipo de accidente?. Desde luego dan la sensación a la entrada de la ciudad de que se descuida el ambiente, el paisaje, de que se hace fea la ciudad nada más entrar, justo en un espacio que debiera ser un escaparate turístico. En fin, que la perfección no existe.

jueves, 12 de abril de 2007

Publicidad

Igual que durante las procesiones de Semana Santa se me ocurrió la idea (sin duda sacrílega) de que los cofrades podrían llevar publicidad en sus hábitos para no desentonar con el mundo moderno, y así de paso, amén de ser atracciones turísticas, convertirse en una buena fuente de ingresos, hoy al ver un coche llenito de publicidad, he pensado en la cantidad de espacios que se derperdician en no poner publicidad en todos los vehículos, eso si aceptamos que en este mundo supercapitalista en que vivimos todo lo que se mueve tiene que ver con el comercio. Ahí se vería el carácter o la seriedad de la gente en qué publicidad tendría en su coche. Pero también esto me ha hecho reflexionar en si todo se puede comprar o vender, o aún quedan otras cosas digamos espirituales o éticas que nos impiden que esto sea así. Y de quedarnos algo, este algo aumenta o disminuye según pasa el tiempo. No puedo responder así a bote pronto.