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domingo, 2 de julio de 2017

LA ESTACIÓN DE LOS VIENTOS, Rodrigo Martín Noriega

Novela
Autoedición
250 páginas
2017
Estuve en la presentación de esta novela antes de haberla leído, escuché a su autor, en cierto modo me predispuse a leerla. Es muy buena: una mezcla de algunas cosas que he leído antes con otras que se han asentado en mi conciencia como si fueran un territorio natural, un paisaje de mi niñez o un lugar al que mis sueños están acostumbrados a visitar. Y Rodrigo dice muchas cosas, describe muchas cosas y escribe muy bien. Tan pronto adopta el punto de vista de un profesor actual, como el de chamán de una tribu prehistórica, el de un pintor al que le pesa su obra maestra porque ya no será capaz de hacer nada igual, como el de una mujer orgullosa de su estirpe, de su femineidad y de sus conocimientos. 
Houellebecq es citado sin aparecer, en el mapa y el territorio; el racionalismo francés del siglo XIX aparece en el personaje de Claude Ozon (quizás un homenaje al cineasta francés François Ozon); el hermano Donato, monje medieval, nos cuenta, además de todas las tentaciones y sufrimientos por su abstinencia sexual, los estragos de la peste; el libro está lleno de detalles, alguno de los cuales, a buen seguro no he descubierto. 
La estructura de la novela es muy interesante, no es lineal pero sí que se entrecruzan algunos detalles narrados formalmente desde puntos de vista diferentes, lo que la dota de consistencia y hace de ligazón. 
La conciencia universal de la humanidad es una idea que gestionada de otra manera creo haber leído en otro sitio, quizás en el Clan del Oso Cavernario. La transmisión de conocimientos y de saberes, en este caso por vía femenina, unos eslabones que proporcionan un aura de brujería a las mujeres de esa estirpe.
No es una novela banal, está llena de sugerencias, de ideas, de posibles caminos, no hay una lectura única, no hay una interpretación única, y aunque casi todas las historias que contiene se terminan por cerrar de una forma más o menos redonda, queda lugar a la duda, a si todo es una fantasía o es producto de una divinidad o de alguna fuerza extraterrestre. 
Existe la idea de la justicia poética en la novela, el castigo merecido por los protagonistas o sus ascendientes en una idea de que el tiempo no tiene una dirección clara: Germán puede ser castigado en la figura de su abuelo (terrible personaje), Marcos en la muerte de su padre en un incendio, Daniel en el estar atrapado en una doble vida real y ficticia, Carmela en la podredumbre pausada de su cuerpo, y más adelante en su sustitución en la hoguera, Donato con la peste. Las mujeres de la estirpe tienen el poder de hacer esa justicia. 
Me ha gustado mucho, es una novela en la que te quedarías un tiempo, quiero decir que podría admitir una segunda entrega y más y convertirla en una saga, en torno a ese lugar, a ese pueblo que el autor en la presentación decía que estaba inspirado en sus años en Cervera de Pisuerga. 
Resumiendo, una lectura capaz de engancharte y de hacerte pensar y organizar a tu modo lo que va pasando en la historia tan estupendamente narrada por Rodrigo Martín Noriega. Muy recomendable. 




viernes, 8 de agosto de 2008

Paseos por la montaña

Durante las vacaciones en la sierra de Hervás descubro cada año senderos que atraviesan la aparentemente inextricable vegetación, caminos no tan ocultos, transitados por burros u otros animales a juzgar por los excrementos. Nunca me encuentro a nadie, bien por no ser la hora propicia para que los lugareños pasen por allí, bien por la baja frecuencia con que son utilizados. Utilizando mapas topográficos de la zona he descubierto algunas rutas que suben a la llamada pista Heidi trazada sobre la sierra a lo largo de 26 kilómetros. Conozco los extremos y otras 4 formas de llegar a puntos intermedios. Creo que cada año están menos utilizados los senderos, a pesar de que algunos utilizados como rutas de senderismo están más hollados y mejor señalizados, pero los que no vienen en las guías o no están marcados son difíciles de encontrar; algunos están empedrados desde hace cientos de años, pero la maleza terminará por ocultarlos. Es una realidad que una forma de vida rural, de cultivar prados y ganado en las tierras altas está en vías de desaparecer dado lo costoso del trabajo y el bajo rendimiento económico que produce. Eso se llevará por delante toda la red de senderos horadados y transmitidos durante generaciones. Es la vida del consumo, el capitalismo exacerbado lo que termina con estas formas de vida.