A veces pienso que pese a la crisis que todos los medios de comunicación se encargan de recordarnos en cada instante (sería un buen trabajo dedicarse a contar cuántas veces aparece la susodicha palabra en los informativos de cada cadena de televisión), en realidad esta sociedad nuestra se está modernizando, al menos en algunos aspectos: casi todo el mundo accede a algún tipo de ejercicio para cuidar un poco su salud (aunque de forma contradictoria, mucha gente sigue fumando); se protege a los niños por encima de los intereses de los adultos (de hecho las nuevas tiendas que se abren son casi todas relacionadas con ropa o juguetes de niños; está visto que la reducción del presupuesto familiar apenas afecta a los peques); todo el mundo accede a internet para informarse acerca del más leve acontecimiento que tenga lugar en su entorno, y así la asistencia a actos de todo tipo (preferentemente gratuitos) es masiva, interesen o no, sean más o menos selectos, con lo cual la población se uniformiza a un ritmo antes desconocido.
En resumen, todos nos copiamos más que nunca, tal vez debido a esa cultura del todo gratis propiciada por el uso masivo de internet. Todo el mundo accede antes al último cachivache tecnológico que a una comida digamos saludable. Aún nos quedan incoherencias importantes por resolver.
domingo, 19 de septiembre de 2010
martes, 13 de julio de 2010
Tercer Reich
He terminado de leer el libro de Roberto Bolaño con ese título, en el que relata el descenso a un infierno interior de un joven (y presuntuoso) jugador de War-games alemán, en una época pre-internet, que juega en sus vacaciones en la Costa Brava al juego llamado Tercer Reich, mientras su vida se desmorona poco a poco. El final no es tan duro como se presumía, aunque la lección extraída por el antiguo jugador es excelente. Me ha encantado la facilidad aparente que tenemos los humanos para perder nuestros referentes, para pasar a coquetear con la nada, con la destrucción, con la pérdida de control de nosotros mismos.
La atmósfera del libro es absolutamente envolvente, plagada de preguntas sin respuesta, propensa a que cualquier cosa siniestra pueda ocurrir, y deja algunos interrogantes abiertos, sin seguridad en nada, sin certezas, sin explicaciones completas. Aunque fue escrito hace más de 20 años, algunas cosas no han cambiado demasiado, sobre todo en lo que se refiere a la pérdida de la identidad del turista de costa veraniega, y a los hoteles situados en primera linea de playa. Un buen libro para el comienzo del verano.
viernes, 21 de mayo de 2010
Funcionarios
Mucha gente ha copiado el topicazo de "si nos bajan el 5% del sueldo trabajaré un 5% menos" o "Si me bajan el sueldo, consumiré menos, ahorraré en cosas en las que antes no lo hacía, como masajes o cafés o cañitas"; yo les digo: "Voy a consumir más", no siendo que la Economía se resienta y haya que amputar un poco más el sueldo, así es que me he lanzado a gastar, a disfrutar, a mover el dinero que en el fondo en la única solución para que todo vuelva a su cauce (al que volverá inexorablemente lo queramo o no). ¿Quién no ha visto imágenes de Irak tras la invasión, en la que un suicida o varios se hacían explotar en un mercado de Bagdag, que estaba no lleno, sino abarrotado de gente comerciando?, y eso en las peores circunstancias imaginables. ¿A qué van a dedicar su tiempo libre esas personas compulsivas que viven para compar? A ver si van a empezar a leer en las Bibliotecas públicas y nos las saturan, o peor, se contagian de alguno de los múltiples virus que contienen los libros muy usados (en el sentido físico o psicológico de "virus"). Es necesario gastar para poder tener entretenidas a determinadas personas y que no se sumen a la masa inteligente y cultivada: la de tiempo que se pierde leyendo la prensa, leyendo revistas científicas, escuchando música o acudiendo a una exposición. La de escrúpulos que hay que vencer para luego seguir viviendo y pensando igual... ¡Uf, qué cansancio!. Vamos a llegar al nivel de "Amanece que no es poco", a ser expertos en Faulkner o leer a Kierkegard...
jueves, 20 de mayo de 2010
Sueños
Hoy soñé que celebraba el nacimiento de nuestra hija con Moët-Chandon pulcramente servido en vasos de plástico blancos, y que brindábamos con abundante champagne antes de ir a trabajar. Un sueño surrealista como otro cualquiera, aunque en este caso podría llevarse a la práctica: tan sólo es necesario un poco de dinero para llevarlo a cabo. Eso sí, crearía un precedente importante y así, cualquiera que quiera celebrar algo tendrá que superar este listón tremendo o su celebración no valdrá para nada, será inmediatamene comparada con aquella del champagne en vasos blancos de plástico.
Estas ideas maximalistas a veces producen buenos resultados: por ejemplo, si un profesor pone muchos ejercicios, y continuamente dice que el problema es que los alumnos apenas trabajan, lo que deberían hacer estos estudiantes es realizar ejercicios a destajo durante unos días, tantos, que el profesor no haga otra cosa que corregirlos (y si no lo hace, apremiarlo constantemente para que lo haga); seguramente ese ritmo infernal de trabajo no será fácil de sostener...
Siempre he pensado que el egoísta inteligente debería actuar con máxima generosidad..., pero esta idea la desarrollaré otro día.
viernes, 7 de mayo de 2010
Feria del libro
El sábado1 de mayo visité la feria del libro de la ciudad. Mi impresión fue mala, sin paliativos: algunos autores más o menos populares, autores de libros no literarios en realidad, firmaban libros, mientras la gente deambulaba en busca de éxitos de ventas en las pocas librerías que me pareció que había presentes. La mayor parte de las casetas representaba a instituciones, como diputaciones, ayuntamientos, universidades, etc. frente a unas pocas librerías más o menos locales, alguna de las cuales abría sus puertas a unos pocos cientos de metros. ¿Entionces, cuál era la función de estar presentes en esa feria del libro?.
He vuelto sin embargo entre semana, ayer jueves a una hora en la que no había demasiada afluencia del público. La presencia de escritores era escasísima; viendo los anuncios de quienes habían estado en los días anteriores, observé que muchos no habían finalmente estado presentes; eché en falta la presecia de verdaderas figuras, de escritores consagrados, pero claro, deben escribir, no pueden visitar todas las ferias del libro del mundo; no harían otra cosa. Al elegir las casetas que iba a visitar ayer acerté de pleno, y es como si me hubiese sumergido en otra feria, en otro lugar: el de las editoriales pequeñas, las menos conocidas las que no tienen más remedio que apostar por una calidad literaria apta para pocos, para las que en realidad tiene sentido la feria, las que presentan volúmenes que apenas puedes encontrar en librerías; alguno de los cuales sabes de su existencia por los suplementos literarios de los periódicos, pero luego no se ven en los escaparates. He ahí el verdadero sentido de la feria.
¡Ah,y al fin me compré un libro: Quemaduras, un libro de poemas de Jaques Ancet!.
lunes, 26 de abril de 2010
Invisible
Me ha perturbado bastante la lectura de este libro de Paul Auster titulado así: Invisible. Las causas de esta conmoción (quizás no encuentro el término exacto en castellano para esto; pienso que en francés el término boulversement sería más preciso) son las puertas abiertas que deja la novela, las consecuencias de narrar algo cuando nadie puede desmentirlo, las posibilidades tremendas de la mentira, los cambios vitales que producen determinadas intervenciones (frases, opiniones, consejos,...) sobre determinadas personas en momentos peculiares especialmente propensos a una cierta sensibilidad. Todos somos un poco prisioneros de lo que decimos, o de lo que nos dicen, de lo que ocultamos, de las composiciones de lugar mentales que hacemos sobre determinados hechos del pasado, pero en esta novela aparecen hechos insólitos ocurridos en torno a una persona hace más de cuarenta años, las consecuencias que sus actos tuvieron en la vida de los demás, las consecuencias futuras que podrían tener...
Quizás comos siempre en Paul Auster el fondo de la historia pesa más que la calidad literaria de lo que narra, no por ser ésta deficiente, sino por la profundidad abismal de las pasiones humanas abordadas.
En definitiva, me ha gustado mucho el libro, me ha removido un poco el pensamiento, y en cierto modo me ha estimulado en estos días de espera.
miércoles, 14 de abril de 2010
Colgantes en el coche
Desconfío ya de entrada de todo aquel que cuelga algo del retrovisor de su coche: ¿para qué?,¿para exhibirlo?,¿para imponérselo a quien le acompaña?, ¿para mejorar la estética del coche?, ¿para usarlo cómo punto de mira?, ¿para no olvidarse de algo que es importante para él?.
Seguramente mis prejuicios no tienen fundamento en este caso, pero mi experiencia viajando con gente me lleva a que quienes cuelgan algo de su retrovisor son al final con quienes peor me llevo o tal vez los menos afines a mí.
Durante unos años, tras un logrado anuncio de televisión se pusieron de moda lo muñecos Elvis que al menos eran simpáticos, aunque algunos los fueron retirando progresivamente porque se movían demasiado y llegaban a marear a los ocupantes del asiento de acompañante del conductor (¿por qué se llamará así, si algunos en lugar de acompañar suelen dormitar?).
En otros casos más llamativos hay quien cuelga rosarios, vírgenes, cintas con la bandera nacional, o todo tipo de amuletos atrapasueños (digo yo que serán los sueños del acompañante, porque los del conductor no van a ser...).
En fin, reconozco que es manía mía el desconfiar de los portadores de todo este tipo de colgantes...
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