Hoy mientras caminaba absorto escuchando en mi MP3 a Cecilia Bártoli he notado una presencia a mi espalda. Era un hombre corpulento, impecablemente trajeado, caminando rápido un metro detrás de mí. Enseguida he descubierto que mi apercibimiento de su presencia era debido a un sonido que iba emitiendo: silbaba. Curioso como soy he bajado el volumen para reconocer inmediatamente que estaba silbando la misma melodía que yo escuchaba con mis cascos. Me ha sorprendido muchísimo la ¿coincidencia?. El disco de Cecilia Bártoli que escuchaba es un homenaje a la Mezzosoprano española María Malibrán, relativamente reciente, aunque espectacular. Mi sorpresa deriva de que: 1.- no conozco a mucha gente que haya escuchado este disco; 2.- coincidía exactamente en el tiempo la canción que escuchaba con la melodía que el señor silbaba; 3.- con el volumen que yo tenía en mis cascos era imposible que me escuchara. A partir de ahí he pensado que tal vez el fulano tuviese la rara habilidad de leer el pensamiento de los demás, o de escuchar frecuencias inaudibles para un oído corriente, aún sin él ser consciente de ello. Y ya desbarrando completamente me ha dado por pensar que cada uno de nosotros pudiera tener habilidades que no cuenta a los demás (porque no las conoce o porque forman parte de su intimidad) con lo que en realidad sólo nos conoceríamos (y escasamente) a nosotros mismos y desconoceríamos aspectos importantes sobre todos los demás. Sería terrible este descubrimiento. El mundo patas arriba en un instante. Los mecanismos internos de cada cual serían un misterio para los demás. Es como descubrir algo que todo el mundo sabe menos tú. En fin, tonterías de pensamientos.
lunes, 17 de marzo de 2008
miércoles, 5 de marzo de 2008
La absurda vida cotidiana
Absurda porque he estado en un atasco producido por una manifestación y he comprobado lo inútil de estar condenado por el coche a estar dentro, pendiente, irritado. Seguramente la manifestación no sirve para nada, en el sentido de que se pierde mucho más de lo que se gana. Absurdas son la mayoría de las acciones que llevamos a cabo cada día, pensando que nos va la vida en ello y que enseguida son pasado y ni nos importa, incapaces como somos de anticipar nuestro pensamiento y contemplar de alguna manera nuestras acciones a "posteriori". La verdad es que anticipamos algunos actos pensando que será mejor para nosotros en el futuro, y muchas veces eso no es ni cierto. No hacer esto o lo otro, cuidarse mucho, no arriesgar, vivir una vida monótona sin alegrías, sin salirse de un guión trazado previamente, votar al partido político de siempre, hacer diariamente la misma ruta, escuchar siempre los mismos previsibles comentarios, conversaciones; no ir más allá. Me arrepiento cada día de no pasear por el campo o de no mirar la belleza de las estrellas en las noches despejadas de frío intenso, y a cambio de pasar más de dos horas diarias delante de la televisión. Me arrepiento de no viajar todo lo que pueda, de no leer más, de no ser suficientemente punzante en las conversaciones en las que participo.
miércoles, 27 de febrero de 2008
Universos paralelos
Ayer, en una tarde plomiza pero bulliciosa en la calle pude observar caminando cómo la mayoría de la gente con la que me cruzaba parecía caminar en otro universo diferente del mío, las miradas perdidas, serias, caminando deprisa sin contemplar nada de lo que les rodeaba, como si fueran enfilados en una vía invisible de un solo sentido. La verdad es que yo paseaba sin una prisa enorme, con ropa cómoda deportiva, escuchando a Cecilia Bártoli en mis cascos, feliz de esa escucha, de ese paseo, del bullicio de gente que iba y venía. Pensé que estaba fuera de sitio en medio de la calle paseando, que tal vez debería haber ido en coche o en autobús que es lo que hacemos habitualmente, dada la prisa y la vagancia que nos invade. Todos parecemos tan iguales, y somos sin embargo tan diferentes, tanto que a veces uno se encuentra fuera de sitio sin saber qué hacer o qué decir o dónde mirar. Son tan diferentes nuestras preocupaciones vitales, tan distintos los valores personales que tenemos que parece que vivimos en mundos distintos.
viernes, 8 de febrero de 2008
Felicidad
¿Qué nos causa felicidad a los humanos? Depende. Hay quien es feliz cuando tiene unas buenas expectativas a corto plazo. Hay quien lo es al encontrarse de forma súbita con un regalo del destino, o quien se da cuenta cada día de que respira y se encuentra bien de salud y eso es más que suficiente. La verdad es que es un estado que no dura mucho; siempre surgen preocupaciones o complicaciones que lo arruinan todo. Es muy difícil mantenerse en un estado plácido o de felicidad constante, pues las expectativas rara vez dependen de nosotros al cien por cien, la salud es fluctuante, hay que dedicar tiempo a cuidarse o a mantenerse, y todo tiene fecha de caducidad. Quizás la ignorancia o las creencias irracionales pueden expandir ese estado de satisfacción o de esperanza (¿eterna?). En mi óptica sólo caben por ahora momentos de felicidad absoluta que se desvanecen en el instante en el que empiezo a pensar en el futuro, mezclados con otros de cansancio infinito en el que cuesta un triunfo mantener el tipo.
jueves, 31 de enero de 2008
Conducir por la ciudad
Algunos conductores que se tienen por ejemplares parecen pensar: "tengo que ir pegado al de delante todo el tiempo, no dejar ni un resquicio". La idea es buena desde el punto de vista de que facilita la fluidez del tráfico, aunque me temo que no es esta la motivación habitual del conductor que lo lleva a cabo, sino más bien "el que no se me cuele nadie". Parece bastar un segundo de falta de concentración para que se les "cuele" algún listillo que les estropee el día. Es verdad que yo me apunto a veces a esta "conducción educativa": ir pendiente de los demás, de que no cometan infracciones ni "pisen" a otros conductores menos osados, pero siempre al final pasa lo mismo que en la sociedad, esto es existen personas incapaces de respetar nada, ni los turnos, ni las limitaciones de los demás (por ejemplo llevar un bebé a bordo, o una persona enferma o una embarazada, o tener una edad provecta). Quizás es falta de paciencia, o de empatía o de tolerancia, o es pura y simplemente la soberbia de quien se cree superior.
martes, 22 de enero de 2008
Distintas percepciones de la realidad
En efecto, no sólo depende de las personas, sino de los estados de ánimo y de múltiples influencias que recibimos a lo largo del día, seamos o no conscientes de ellas. Creo que ha habido una campaña fuerte en España de muchos medios de comunicación siguiendo la línea marcada por las fundaciones de estudios estratégicos de un grupo político para convencer a la opinión pública de que la economía iba mal (se trataba de que la percepción es que iba mal como consecuencia de la política del partido gobernante). Yo he sido consciente de esa campaña, y de que había algún medio de comunicación que no la hacía, y mi percepción de la realidad es diferente de la de muchos ciudadanos. Esa percepción influye realmente en la economía (cuando hay sensación de que los asuntos económicos van bien, se invierte y se gasta sin tantas precauciones como cuando la sensación es que va mal), con lo cual, lo que están haciendo esos medios de comunicación y ese partido político es destruir para ganar (perjudicar la economía de su propio país para intentar luego aparecer como salvadores y reconstruirla). ¿Increíble no?. Pues esta idea tan simple la han enmascarado tan bien, que no hay mucha gente que lo vea. Por otra parte, parece que la audiencia o los lectores de esos medios de comunicación están convencidos de la victoria electoral, algo que yo tampoco tengo claro (es muy difícil desalojar del poder a un partido gobernante tras una sola legislatura sin una renovación clara de la oposición o un desastre mayúsculo: un escándalo o algo vergonzante, cosa que no se ha producido en estos cuatro años, por más que la oposición lo ha intentado abusando de temas como el terrorismo y ahora la economía). En fin, me resigno a que España es un país secularmente inculto y cruel, aunque aún tengo alguna esperanza.
viernes, 11 de enero de 2008
Tiempo y lugar
Poca gente de la que camina por esa acera sabe que a escasos 50 metros del lugar desde donde escribo este blog, fue asesinado hace casi 18 años un coronel del ejército. En efecto, a la puerta de la cafetería Estribos, al lado de una de las puertas laterales de El Corte Inglés de paseo de Zorrilla en Valladolid, unos sicarios del GRAPO cometieron ese infame atentado. Nada en la zona recuerda el hecho, ni apenas nadie lo comenta; es más, creo que poca gente se acuerda de ello. Sin embargo, cada vez que paso por ese sitio no puedo dejar de pensar en qué lugar exacto se cometería la agresión contra alguien que iba paseando tranquilamente y unos instantes después yacería muerto en la acera. Estoy seguro de que en muchos de los lugares que habitualmente transitamos se han producido hechos históricos o fantásticos o execrables de los que no tenemos noticia. Algunos de ellos son destapados cada cierto tiempo por investigadores, historiadores o escritores curiosos como ha pasado recientemente con el libro "Un día de cólera" de Arturo Pérez Reverte en el que desentraña y novela los sucesos que tuvieron lugar en Madrid va a hacer ahora 200 años, describiendo con pelos y señales los lugares en los que se asesinó, se peleó, se murió y se dio rienda suelta a eso, a la cólera de quienes participaron. Cada vez que transitemos mucho por un lugar, no estaría de más que nos informáramos (dentro de lo posible, claro está) de todo lo que aconteció en ese lugar. Una idea de novela sería imaginar todo lo que puede pasar allí en un futuro, no el en pasado, que eso ya está inventado.
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