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lunes, 23 de marzo de 2020

MÁQUINAS COMO YO, Ian McEwan

Novela
Anagrama
355 páginas

2019

Novela difícil de describir, muy interesante desde el punto de vista del futuro, llena de incógnitas sobre la inteligencia artificial y el mundo de los robots que nos llegará en poco tiempo. 
Narrativamente es muy interesante por la forma en la que distorsiona algunos datos del pasado británico para modificar otra parte más reciente de ese pasado.
Ian McEwan mezcla veracidad con ficción en la política y en la vida pública londinense, con mucha inteligencia, mientras aborda la parte crucial del libro que es la posibilidad de que un robot pueda llegar a tener sentimientos o a escribir haikus con los que expresar sus emociones. 
El libro es una puerta abierta al futuro, una primera aproximación a algo que está en puertas y a lo que nos tendremos que enfrentar en los próximos años.
Londres, años 80 del siglo XX. Alan Turing, el héroe británico que descifró los códigos Enigma de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, no se suicidó como consecuencia de su condena por homosexual. Gran Bretaña perdió la guerra de las Malvinas. La robótica y la informática en los años 80 es superior a lo que tenemos 40 años después. 
El autor crea una atmósfera propicia para introducir un robot humanoide perfecto en la vida de unas personas que tienen sus secretos y sus debilidades. La novela está narrada desde el punto de vista del humano que lo adquirió y eso se nota en los sentimientos que provocan las acciones inmaculadas de aprendizaje del humanoide. 
Un libro diferente y lleno de inteligencia y cultura, extraño pero difícil de olvidar. Muy recomendable.




viernes, 8 de febrero de 2008

Felicidad

¿Qué nos causa felicidad a los humanos? Depende. Hay quien es feliz cuando tiene unas buenas expectativas a corto plazo. Hay quien lo es al encontrarse de forma súbita con un regalo del destino, o quien se da cuenta cada día de que respira y se encuentra bien de salud y eso es más que suficiente. La verdad es que es un estado que no dura mucho; siempre surgen preocupaciones o complicaciones que lo arruinan todo. Es muy difícil mantenerse en un estado plácido o de felicidad constante, pues las expectativas rara vez dependen de nosotros al cien por cien, la salud es fluctuante, hay que dedicar tiempo a cuidarse o a mantenerse, y todo tiene fecha de caducidad. Quizás la ignorancia o las creencias irracionales pueden expandir ese estado de satisfacción o de esperanza (¿eterna?). En mi óptica sólo caben por ahora momentos de felicidad absoluta que se desvanecen en el instante en el que empiezo a pensar en el futuro, mezclados con otros de cansancio infinito en el que cuesta un triunfo mantener el tipo.