miércoles, 14 de abril de 2010

Colgantes en el coche

Desconfío ya de entrada de todo aquel que cuelga  algo del retrovisor de su coche: ¿para qué?,¿para exhibirlo?,¿para imponérselo a quien le acompaña?, ¿para mejorar la estética del coche?, ¿para usarlo cómo punto de mira?, ¿para no olvidarse de algo que es importante para él?. 
Seguramente mis prejuicios no tienen fundamento en este caso, pero mi experiencia viajando con gente me lleva a que quienes cuelgan algo de su retrovisor son al final con quienes peor me llevo o tal vez los menos afines a mí.
Durante unos años, tras un logrado anuncio de televisión se pusieron de moda lo muñecos Elvis que al menos eran simpáticos, aunque algunos los fueron retirando progresivamente porque se movían demasiado y llegaban a marear a los ocupantes del asiento de acompañante del conductor (¿por qué se llamará así, si algunos en lugar de acompañar suelen dormitar?).
En otros casos más llamativos hay quien cuelga rosarios, vírgenes, cintas con la bandera nacional, o todo tipo de amuletos atrapasueños (digo yo que serán los sueños del acompañante, porque los del conductor no van a ser...).
En fin, reconozco que es manía mía el desconfiar de los portadores de todo este tipo de colgantes...




viernes, 2 de abril de 2010

Semana Santa

Tanta gente observando desde las aceras un espectáculo gratuíto, durante dos horas; quizás los que observan lo hacen pensando que deberían ser ellos los que procesionaran, o quizás son los que no han tenido valor o fe para hacerlo, o simplemente son demasiado cómodos o tienen otras prioridades en la vida. Cada año el mismo espectáculo, los pasos que pueden admirarse en museos o en iglesias, pero que apenas nos paramos a observar durante todo el año, y que ahora, adornados con flores, relucientes, salen a hombros de esforzados cofrades, que antes han tenido que acondicionarlos, montarlos en las carrozas, preparar sus hábitos (a veces después de un año sin usarlos tendrán la desagradable sorpresa de que han sido visitados por las polillas), y en fin dedicarle horas y horas hasta que todo está listo y ensayado. 
Toda esta parafernalia llena la ciudad de turistas que buscan un casco antiguo inexistente como concepto o como comparativa con otras ciudades en las que sí existe; turistas que dejan miles de euros en hostelería, en souvenirs, o en dinero negro en las arcas de las cofradías, bien a través de limosnas o donativos, bien a través de la venta de merchandaising de todo tipo, desde rosarios a estampitas, pasando por cofrades con los hábitos de la cofradía en arcilla o resina, desde postales con los pasos más famosos, hasta llaveros o medallitas con la efigie del cristo de turno. Realmente faltaria que cada cofradía pusiera en sus locales una barra con bebidas y pinchos para rentabilizar el esfuerzo y el trabajo que realizan. Así, unos hacen el trabajo y otros (los hosteleros locales) se llevan los beneficios sin aportara apenas nada. Gran negocio.



martes, 9 de marzo de 2010

La noche de los tiempos

He terminado hace unos días la novela así titulada de Antonio Muñoz Molina. Durante las casi mil páginas que abarca el libro, me ha costado horrores recordar el título del libro; aún ahora para escribir esto sobre él, he tenido que levantarme a buscarlo porque no lo recordaba. Me ha gustado su lectura que ha durado más de dos meses, me he demorado en las frases, en las pequeñas ideas que salpican un argumento que puede resumirse en muy pocas líneas, en el valor de la palabra, en la recreación de Madrid en unas fechas concretas: primero en el periodo inmediatamente anterior a la Guerra Civil y luego en los primeros meses de ésta. La historia de amor no me ha convencido del todo, aunque habla de la pasión desde distintos puntos de vista, con un final un poco forzado, con coincidencias y casualidades no imposibles, pero improbables. Me ha gustado mucho la voz de fondo que imagina desde la actualidad, con mucho oficio de narrador, yendo siempre un poco más allá de las apariencias. También las sensaciones de lo que es una guerra, de lo difícil que es desenvolverse allí para todo el mundo, incluso para los que huyen de ella por convicción. Muñoz Molina ha elegido el camino de demorarse en la escritura de describir minuciosamente detalles, de colocar en cierto modo sus pequeñas ideas, sus aprendizajes, algunas de sus opiniones de fondo en el entramado de la novela. A través de sus novelas puede seguirse su formación, su aprendizaje, sus gustos, sus ideas. Esto es bueno, creo que es honesto, que uno pone mucha parte de sí mismo en lo que escribe, de forma que cuando termina un libro es como si lo hubiese parido en el sentido de desprenderse de algo, de colaborar muy activamente en su gestación. 

lunes, 19 de octubre de 2009

Un muerto

Ayer vi un muerto en medio de una calle. No estoy acostumbrado; acaso no lo había visto nunca, así, en medio de una calle casi desierta, fría, en obras. No sé cómo murió, pero la escena invitaba al disgusto: el cadaver presente durante varias horas, hasta que el juez de turno llegara para ordenar levantar el cuerpo. Me asaltó la reflexión de lo poco que vale la vida humana. Unos minutos después leía en un periódico una columna de Vicente Verdú en la que hablaba de los que habían pasado por el mundo en toda su historia, unos cien mil millones de almas, antepasados que nos legaron toda su sapiencia, todas sus investigaciones, y que un día dejaron de existir.
Las sensaciones que no me han abandonado aún son silencio y frío, y toda la parafernalia montada alrededor por quienes son unos profesionales de los sucesos en una gran ciudad: policías, enfermeros, jueces de guardia, investigadores y los propios servicios funerarios en última instancia. Un número, uno menos, uno más, un caso teórico-práctico en el mejor de los casos. No me acostumbro.

martes, 16 de junio de 2009

¿Qué leer, qué no leer?

En las pocas ocasiones (pocas para lo mucho que me gusta hablar del tema) en las que hablo últimamente sobre libros, encuentro las más de las veces gente que lee estereotipos tremendos, que pueden bien calificarse de subliteratura. Me abstengo normalmente de hacer tales comentarios, porque eso está mal visto, provoca una situación en la que seguramente me encuentro incómodo al ser visto como un ser extraño que lee cosas diferentes. Normalmente busco en la lectura un valor añadido al texto puro y duro, un valor literario o informativo, o emocional diferente a lo que conozco, o algo que me sugiera ideas, que me haga pensar, no sólo que me entretenga o que me haga olvidar las miserias cotidianas. Por eso los libros de autoayuda me rechinan, por eso las llamadas novelas románticas me provocan urticaria, por eso los libros escritos a favor del viento de la fama del personaje me suelen revolver el estómago, y más si se trata de políticos retirados que viven del cuento, que dan conferencias por las que cobran centenares de euros al minuto, que firman ejemplares en los centros comerciales rodeados de la plana mayor local de su partido político.
La dificultad estriba en estos días en encontrar a alguien que lea literatura en estado puro, ideas concentradas al máximo, poemas que vayan más allá de la simple rima, o en el mejor de los casos de un ritmo interno, para elongarse a través de ideas brillantes. Ahí somos una potencia mundial, mucho más que en los deportes de moda, mucho más que en novelistas o en directores de cine, de los que tampoco adolecemos en este país. ¡Qué difícil encontrar a alguien con quien hablar de poesía!.

miércoles, 10 de junio de 2009

Ciencia en la sociedad

Quizás no está en el espíritu del ciudadano español nada relacionado con la investigación científica, o con la producción de artículos científicos al nivel que sea. Quizás tiene que ver con la educación, con el modelo consagrado en el último siglo de un profesor que dice cosas que los alumnos pueden o no escuchar, asimilar, comprender. Nada de experimentación, nada de aprendizaje propio, nada de ciencia. La transmisión vertical del saber conlleva elitismo, conlleva falta de motivación, conlleva el que la cultura científica en la sociedad esté infravalorada y apenas exista. Me maravillo en otros países como Francia sin ir más lejos, en el cualquier ciudadano posee conocimientos científicos que aquí en España se consideran casi de élite. Hace tiempo leí en algún periódico un artículo en el que se hablaba de esta incultura científica en la calle y proponían una sencilla prueba: preguntar a cualquier ciudadano que nos explicase porqué se producían las estaciones. Incluso en el caso en el que se ofrecieran varias respuestas a la pregunta para poder elegir, la mayoría elegía la que decía que en verano estaba más cerca el sol de la Tierra, y en invierno más lejos. La única ciencia que llega hoy a los ciudadanos es a través de medios de comunicación poco especializados, en ocasiones mal transmitida o de forma errónea o incompleta. Me he dado cuenta este año en el que no he trabajado por una excedencia que la mente si la dejas al libre albedrío, sólo pendiente de los medios de comunicación, tiende a atrofiarse. Se echan en falta revistas especializadas de divulgación en vez de tanta revista del corazón. Ahí reside uno de los errores fundamentales de nuestra sociedad.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Informes

A veces he tenido la tentación de elaborar un informe de cada persona que conozco; bueno, de todas no, de algunas, de forma que cuando pasase el tiempo pudiera recordar algunos detalles, confidencias, peculiaridades que me interesaron en su momento. He observado que esta práctica no es una idea original mía, sino que existe y creo que es ampliamente seguida en el mundo anglosajón, en el que a diferencia de nosotros intentan que todo el esfuerzo que alguien hace quede reflejado en algo productivo: producir por encima de todo, textos, notas, publicaciones del tipo que sea; así se publica mucho más que aquí, se investiga más, y lo que es más importante: mejor. ¿Qué podría incluirse en esos informes?. Hay cosas obvias, como la fecha de nacimiento si es que se ha podido conseguir, cosa no tan difícil si existe algún interés; a veces es importante el DNI, aficiones, familia, y como dije antes cualquier revelación que pudiera interesarme ahora o en el futuro. El problema es que una tal base de datos tendría que haberla empezado a hacer hace ya muchos años para poder usarla cuando fuere necesario; ahora quizás ya es tarde.
Conocí en una ocasión a alguien (aún me acuerdo perfectamente de quién es y de por qué lo hacía) que elaboraba informes o fichas de cada uno de los libros que leía. El problema es que había empezado a hacerlos hace muchos años, cuando aún la informática no ayudaba a clasificar, organizar, a tenerlo todo en poco espacio, y lo hacía manualmente, con fichas de un fichero, cosa que le desbordaba y no se decidía del todo a informatizarlo dado el enorme trabajo que eso representaba.
No sé, ahora que pienso un poco más en ello, quizás esté a tiempo de empezar con mis fichas personales.