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martes, 23 de abril de 2019

ACTOS OBSCENOS EN LUGAR PRIVADO, Marco Missiroli

Novela
Salamandra Ediciones
270 páginas
2018
Enorme sorpresa esta novela que empecé a leer como una novela ligera y es una obra de aprendizaje, un libro sobre la psicología del amor y del sexo, repleto de libros y películas, de crecimiento y madurez.
La he leído casi de un tirón, enganchado a la lógica del protagonista y el mundo que va creando. Me he estremecido con las relaciones entre padres-madres e hijos, con las citas de libros y personajes que van formando al protagonista lectura a lectura, con las películas que lo moldean.
En este libro hay personajes inolvidables, hay frases inesperadas, hay amistad, hay amor, hay sentimientos oscuros, hay traiciones, hay muerte de seres queridos, hay una mascota, y están las ciudades de París y Milán, diseccionadas, caminadas, magníficamente descritas.
Una obra que me ha emocionado y encandilado a partes iguales.

martes, 22 de octubre de 2013

Portadas de libros

Desde hace años, tengo pequeñas montañas de libros, bien recién adquiridos, bien en cola de lectura, algunos de ellos ya empezados, en varios lugares estratégicos de la casa. Puedo reconocer sus portadas con apenas un leve vistazo, recordar lo que leeré en los meses siguientes (esto no es cierto del todo, siempre se cuela alguna novedad o surge alguna inquietud nueva que me lleva a tal o cual libro), pero algunos de ellos están en esas pilas de libros porque sus portadas me gustaron, por los colores sabiamente elegidos, por las fotografías o los dibujos, en realidad por lo que prometen (que no siempre se corresponde con lo que al final resultan ser). Para mí esos libros personalizan mi espacio, lo dotan de vida, de promesas, me hacen reconocible el sitio donde vivo, aunque a veces también me causan desazón: cuando uno de esos libros lleva ahí demasiado tiempo sin que haya sido capaz de ponerme a leerlo, me desasosiega, querría ya haberlo leído, porque a veces me falta el tiempo, la voluntad o la energía para ir renovando esas pequeñas montañas, para ir leyendo lo que durante tantos días he anhelado. 
Mucho tiempo después de haber leído (o desechado) uno de esos libros, aún lo reconocería de un mínimo golpe de vista, sabría la editorial, el autor, el título, y si me he fijado bastante, sabría quién hizo la portada.

jueves, 1 de noviembre de 2012

La variable humana, Rodrigo Martín Noriega

Acabo de terminar la lectura de esta novela cortita, muy entretenida. El autor ha creado una atmósfera universitaria muy limpia, con pocos escenarios, conocida y creíble. La intriga te envuelve casi desde el principio y va in crescendo a lo largo de la novela. Toda la trama está ambientada en torno a las matemáticas y a la posibilidad de que una vez que se crea un sistema en el que se definen variables para modelizar la vida cotidiana, la solución de este sistema debe cumplirse indefectiblemente. Quizás hay algunos lugares comunes en el desarrollo de la historia, lugares referidos a la concepción de las matemáticas, pero el libro se lee muy bien, y se hace realmente corto. Quizás lo que menos me ha gustado es la mezcla de las matemáticas con una especie de presencia divina al fondo. 
Resumiendo, lectura muy sugerente, capaz de despertar muchas ideas, bien escrita y fácil de leer.




lunes, 4 de octubre de 2010

Los detectives salvajes


Cuando leo un libro que me gusta, a menudo me pregunto si yo hubiese podido escribir una obra parecida. Acabo de terminar el libro de Roberto Bolaño Los detectives salvajes, y en este caso mi respuesta contundente es no. No hubiera podido escribir nada parecido, ni remotamente parecido, aún incluso después de haberlo leído. En primer lugar porque mi concepción de las historias es mucho más lineal, en segundo lugar porque como escritor-lector de mí mismo, me habría interesado saber un poco más acerca de la mayoría de personajes que allí aparecen; todo es demasiado abierto para mi curiosidad natural. En tercer lugar, porque es muy difícil escribir así, imaginar una historia como esa, con tantas ramificaciones, con tantos personajes, con tantos detalles sutiles, con tanto surrealismo, con tanta poesía…
Me ha fascinado la lectura de esta obra, y eso que ya conocía a Bolaño, había leído 2666 y El Tercer Reich y me parecía un escritor de culto. Ahora creo que esta novela supera todo lo que había leído suyo anteriormente. Creo haber aprendido estilos de vida, posibilidades, caminos, formas de escribir desconocidas, pero sobre todo me ha hecho renovar mi pasión por la literatura, por la poesía, al tiempo que me ha abierto la puerta para adentrarme en escritores de los que nada sabía. Pienso que he encontrado un filón de lectura-escritura en estado puro, en otra dimensión de lo que acostumbramos, más libre, más creativa, más subversiva, sin nada que perder pero al mismo tiempo destruyendo todo lo que toca.

martes, 9 de marzo de 2010

La noche de los tiempos

He terminado hace unos días la novela así titulada de Antonio Muñoz Molina. Durante las casi mil páginas que abarca el libro, me ha costado horrores recordar el título del libro; aún ahora para escribir esto sobre él, he tenido que levantarme a buscarlo porque no lo recordaba. Me ha gustado su lectura que ha durado más de dos meses, me he demorado en las frases, en las pequeñas ideas que salpican un argumento que puede resumirse en muy pocas líneas, en el valor de la palabra, en la recreación de Madrid en unas fechas concretas: primero en el periodo inmediatamente anterior a la Guerra Civil y luego en los primeros meses de ésta. La historia de amor no me ha convencido del todo, aunque habla de la pasión desde distintos puntos de vista, con un final un poco forzado, con coincidencias y casualidades no imposibles, pero improbables. Me ha gustado mucho la voz de fondo que imagina desde la actualidad, con mucho oficio de narrador, yendo siempre un poco más allá de las apariencias. También las sensaciones de lo que es una guerra, de lo difícil que es desenvolverse allí para todo el mundo, incluso para los que huyen de ella por convicción. Muñoz Molina ha elegido el camino de demorarse en la escritura de describir minuciosamente detalles, de colocar en cierto modo sus pequeñas ideas, sus aprendizajes, algunas de sus opiniones de fondo en el entramado de la novela. A través de sus novelas puede seguirse su formación, su aprendizaje, sus gustos, sus ideas. Esto es bueno, creo que es honesto, que uno pone mucha parte de sí mismo en lo que escribe, de forma que cuando termina un libro es como si lo hubiese parido en el sentido de desprenderse de algo, de colaborar muy activamente en su gestación. 

lunes, 20 de abril de 2009

Un libro en la hamburguesería

En la hamburguesería del centro comercial era la hora punta, las diez de la noche de un sábado frío del mes de abril. La cola de espera salía por la puerta del establecimiento, lo cuál no disuadía a nadie de incorporarse a ella, a sabiendas de la legendaria velocidad de las cajeras y dispensadoras de comida en estos locales. Me había vestido rápido con un chándal y había ido a buscar un par de hamburguesas para cenar; calculando que era una hora punta me llevé un libro de relatos, De que hablamos cuando hablamos de amor, de Raymond Carver.
Me costaba concentrarme en la lectura y sentía que mucha gente me miraba, unos de reojo, otros abiertamente sabiendo que yo mantenía la vista fija en el libro. Debía ser un bicho raro en la noche del centro comercial en el que no hay una mísera librería, ni un kiosco, ni ves a nadie leyendo y a la mayoría de los que por allí pululan cuesta imaginárselos leyendo en cualquier otro lugar. Prejuicios. Míos y de los otros en torno a mí. Finalmente me dedique entre párrafo y párrafo a observar a los que tenía a mi alrededor: parejas jóvenes sobre todo, pero también muchos niños, caras de adulto adustas, madres con sus vástagos sin que los padres aparecieran por ningún lado (como siempre en estas ocasiones tiendo a pensar que están viendo fútbol en bares abarrotados de gente mientras trasiegan cerveza en grandes cantidades. Prejuicios.). Me maravilló la rapidez y el exquisito trato de la joven que me atendió en la caja, seguramente trabajadora de paso en busca de una ubicación mejor. Beneficio para la empresa explotadora, beneficio para la estudiante: al ver mi libro sonrió, la única que lo hizo en el local dónde los que antes me miraban parecían despreciarme.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Regalar un libro

¡Cuánta compulsividad en las compras, cuanta prisa de última hora!. Ayer por la tarde parece que todo el mundo, que según opinión generalizada había contenido el gasto hasta ahora, se ha lanzado a la calle para preparar la cena de nochevieja y para organizar sus regalos en torno al día de los Reyes Magos. Cada año se repiten las escenas de personas que apenas tienen tiempo para comparar ni para mirar el objeto que van a adquirir, siempre con prisas, siempre pensado en que todo puede ser descambiado (como así es de hecho), y que lo importante es el valor simbólico y también el valor del dinero gastado. Es cierto que este año las cajas de las librerías echan humo al ser el libro un regalo fácil en apariencia, no demasiado caro (en comparación con otros objetos), casi siempre agradecido, y un regalo que dura al menos hasta que el citado libro es leído por el obsequiado (lo cual no siempre sucede), es decir que en cierto modo se prolonga en el tiempo. Sin embargo no es fácil regalar un libro, o no es fácil regalar un libro adecuado a la persona que lo recibe: saber que libro va a gustar, a sorprender, a perturbar (en sentido figurado, claro está) al receptor, es saber mucho de esa persona, y creo que la mayor parte de los libros se regalan sin ton ni son, despreciando por el oferente el regalo antes de haberlo hecho. ¿Cuáles son los criterios habituales para elegir un libro para alguien?. Creo que no son los más adecuados: que se venda mucho, que alguien lo recomiende, que esté en un lugar destacado de los escaparates o las librerías, que sea una novedad (totalmente a ciegas), que sea de un autor del que nos gustó una vez un libro. En todo caso criterios no personales, sin profundidad, sin dedicarle tiempo a mirar y a comparar, a leer solapas o a buscar informaciones sobre ese libro (tal vez por eso se regalan muchos libros en navidad, porque es fácil elegir sin molestarse en buscar). La verdad es que a mí me regalan pocos libros en estas fechas (y casi siempre que lo han hecho han sido libros muy comunes, muy accesibles en cualquier biblioteca, poco especializados, poco personalizados en suma), pero sí que me gustaría recibir como regalo un libro diferente, extraño, algo que me sorprenda y me muestre zonas desconocidas de la literatura o del pensamiento, o una obra que no suela comprar por demasiado cara, un objeto de culto (por poner un ejemplo sencillo, las Memorias de Ultratumba de Chateaubriend, obra de gran volumen, memoria de una época), o una edición difícil de encontrar. En fin con todo esto estoy reivindicando una forma de vida más reposada, con tiempo para los pequeños placeres, con reposo para saborearlos, para que algunos acontecimientos dejen de ser estándar y se conviertan en singulares, para que concentremos nuestra atención y nuestras energías en aquello que hacemos.

martes, 25 de noviembre de 2008

Libros pendientes de leer

Pesan los libros no leídos que esperan impolutos en sus baldas a que un día me decida a abrir sus páginas con delicadeza, como quien entra en sagrado. Es una delicia al mismo tiempo saberlos ahí esperando, como un bocado prometido en un banquete. Soy consciente de que algunos me defraudarán y de que otros me entusiasmarán más allá de lo que espero de ellos. Cuando termino alguno de los que estoy leyendo, a menudo me cuesta mucho elegir con cuál sustituirlo, suele depender de mi estado de ánimo, o de las ganas de lectura más o menos profunda que me asalten en ese momento. Una vez conocí a alguien que me contó que su hermano había calculado cuantos libros leía al año, y que dedicaba un tiempo al finalizar el año anterior a recolectar y almacenar exactamente aquellos libros que iba a leer (me supongo que los ordenaría si había llegado al punto de juntarlos todos pongamos que en una estantería); siempre se trataba de obras consagradas, no quería riesgos lectores (para mí es una de las aventuras más interesantes, la del riesgo en los libros). Reconozco que interviene el azar muchas más veces de las que creemos en la elección de un libro, el azar de una buena reseña, de un comentario superficial escuchado en cualquier parte, de una visita a una biblioteca, de una colocación en una estantería o en una mesa en el lugar exacto en el que se posan tus ojos.
Hay algunos libros que sin saber muy bien por qué los vas posponiendo, hasta que un buen día el peso se hace insoportable y los privilegias por encima de otros que tenías en mente. Alguno lo he dejado a propósito para cuando tuviera un momento dulce vital. Sin embargo son los libros los que nos dan el tono vital con más frecuencia, inopinadamente. Siempre hay uno de los libros que lees que se impone a los otros y nos envía todo el veneno o la miel que contiene en sus páginas, mezclado (como un reactivo) con tus pensamientos, tus ideas, tu cultura. Tengo una cierta urgencia ahora por leer las Memorias de Lorenzo da Ponte, libretista de Mozart y hombre muy famoso en su tiempo, aunque también me espera Los hombres que no amaban a las mujeres, que no hago más que ver en todas las librerías y que parece que lo quieren convertir en el Libro (con mayúsculas) de estas navidades. La lista de los libros que me esperan en las estanterías de casa es grande, ya la desgranaré otro día.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Libros

En casa tengo más libros sin leer que leídos. Esto me produce un poco de desasosiego a veces, pero las más de ellas me produce esperanza e ilusión, aunque sé que el ritmo de vida que llevo no me permitirá leer todo aquello que quisiera. Algunos son libros de consulta que raras veces son consultados, otros son libros de poemas en los que he hecho alguna que otra incursión, sin llegar a leerlos de forma sistemática. A veces pienso que me gustaría leer el Antiguo Testamento con calma, investigando procedencias y destinos y conexiones, otras creo que me gustaría leer una vez más El Quijote, o Los Miserables, o un tomo enorme sobre Felipe II de Manuel Fernández Álvarez, pero inmediatamente me da una pereza terrible y lo pospongo para otro momento, consciente del engaño. Parece esto una metáfora de la vida, de las grandes cuestiones que nos dan pereza y son desechadas nada más pasar por la cabeza su sola sombra.
La verdad es que tengo muchos libros, muchos proyectos de lectura, muchos leídos y olvidados, otros recordados vagamente, otros venerados, y que si me pongo a pensar en cuándo los leí, con ellos presentes empiezo a recordar situaciones de esa época y sobre todo sensaciones (muchas de ellas seguramente ya falsas, acomodadas por el pensamiento y el olvido). Por ejemplo recuerdo claramente cuando leí el primer libro que cayó en mis manos de Saramago, hace unos 16 años, cuando apenas nadie le conocía: Memorial del Convento, un libro sacado de una biblioteca pública de un pueblo lejano en un momento de soledad y de cambio, y la magia que encontré en él. Este libro me abrió la puerta a toda la novela de este escritor portugués que luego sería premio nobel con el tiempo. Sobre él escribiré otro día.

jueves, 10 de enero de 2008

Propósitos lectores

Con el año nuevo, y sobre todo tras el tiempo de reflexión navideño, uno se plantea si podrá leer más este año, si podrá estar al tanto de las novedades editoriales que le interesen. La experiencia me dice que no, que leeré lo mismo que en años anteriores o menos. Se impone por tanto una elección buena de los libros, una selección de aquello que creo que me va a resultar interesante. Parto de la premisa de que todos estamos muy influidos por la publicidad de los libros, por las reseñas que aparecen en la prensa, por lo que nos cuenta alguien. A menudo estas influencias no son del todo buenas, y buscamos en internet o sacamos a colación el tema de la lectura en cualquier círculo, esperando un intercambio de ideas lectoras que no acaban de llegar. Ha habido estos días finales del año un cúmulo de balances editoriales y una pequeña discusión a cerca de si son más interesantes las novelas actuales, o las ediciones revisadas de autores ya consagrados, o olvidados y ahora redescubiertos. Pienso que es bueno buscar un equilibrio de lecturas, y así tengo preparadas "Vida y destino" por un lado y "Las benévolas" (este título no me gusta nada en castellano) para leerlas (todavía no sé en que orden) en los primeros meses de este 2008.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Los placeres efímeros

Leía el otro día un artículo de Javier Marías en el que venía a quejarse amargamente del consumismo acelerado del mercado de libros, en el que un ejemplar que tuviese más de un mes de antigüedad en las librerías era ya pasado y no tardaría en desaparecer de allí, salvo casos muy contados. Pasa lo mismo, aunque mucho más rápido con el cine, pero por motivos distintos (las copias en DVD también dan sus buenos dividendos y hay que sacarlas pronto). En el caso de los libros parece más el volumen editorial que existe, la presión de las novedades, que ese otro tema de piratería. La verdad es que no da tiempo a leer todo lo que parece interesante que es lo que la publicidad te vende como tal y hay que esforzarse en sobremanera para elegir bien un libro. Todo acaba por ser consumo, pero merece la pena detenerse en otro tipo de lecturas que ya han pasado el filtro de la permanencia en los escaparates como novedades, investigar en bibliotecas, descubrir que hay mucha calidad en escritores que pasaron a la historia. Al final en medio de cualquier desastre (¿quien no ha tenido ninguno?) vital queda como tabla de salvación la cultura: escuchar buena música, leer un poema o una historia que te transporte a otro lugar y tiempo, identificarte con algún personaje, poder disfrutar con conocimiento de causa de un buen plano en una película, o conseguir expresar tus inquietudes en un foro de tu elección.

miércoles, 9 de mayo de 2007

Amargura

Así empezaba una canción de Madredeus que hace años me cansé de escuchar, "amargura con toda el alma...", rebosante de saudade portuguesa, lo que me produjo unas ganas locas de visitar Lisboa, de perderme por callejones sin rumbo, algo que no pudimos hacer cuando la visitamos hace años en un puente de diciembre, dado que nos sorprendió un temporal atlántico de lluvia y viento tremendo. Así se desprende del libro que estoy terminando de leer "Estambul" del nobel Pamuk; amargura, el sentimiento de toda una ciudad durante casi todo el libro, pero ahora, acercándome al final de él, su amargura personal, vital, durante su adolescencia, relacionada con la soledad que todos llevamos dentro. Me he sentido muy identificado con él, con las sensaciones que describe de sus 16-18 años, en los que "actuaba" socialmente para no parecer un bicho raro, con los momentos oscuros en los que necesitaba huir de todo el mundo, encerrarse en su habitación, en su soledad, e imaginar como él dice no ya varias historias contradictorias a un tiempo, como le pasaba en su niñez, sino un futuro diferente, mas en soledad. No creo que esto sea un sentimiento exclusivo suyo ni mío en la adolescencia, pero también creo que no todo el mundo lo pasa así. Yo como él tendí a sentirme especial, sin unos lazos de amistad a los que poder comunicar todo esto (tal vez en aquel momento no era capaz tampoco de comunicar nada, y si puedo ahora muchos años después).