Hace unos días he terminado de leer este libro de Martín Amis; una historia que se desarrolla en los años 70 del siglo XX y que termina por llegar casi hasta la actualidad, con un estilo narrativo que exige un esfuerzo grande de comprensión por parte del lector. Me parece un libro de una calidad alta, con un lenguaje cuidado, trabajado, muy preciso, donde los temas abordados son absolutamente interesantes, a veces sorpresivos, y la trama está llena de giros inesperados. La verdad es que me da mucha envidia la potencia narrativa de Amis, el trabajo que hay detrás de cada página que ha escrito, las genialidades que va desarrollando, el desarrollo psicológico de los personajes que crea... En fin, una novela diferente, de una calidad inestimable, no recomendable para cualquiera...
jueves, 2 de junio de 2011
miércoles, 27 de abril de 2011
Equilibrio
A veces lo que nos sustenta vitalmente es muy frágil y parece que va a romperse; pensamos sin embargo que eso no pasará nunca, que los tránsitos son difíciles, que tiene que acontecer algo inusual y por supuesto reconocible para que dejemos de existir. Sin embargo, cada poco tiempo observamos que eso no es así, que hay mucha gente que deja de respirar sin darse cuenta, sin saber nada, sin darle tiempo a nada, quizás porque no estaban atentos a los avisos o porque no querían escucharlos, o porque en realidad no estaban en condiciones de razonar o de seguir la lógica de esos avisos. Todo esto hace que reflexionemos y nos angustiemos por la zozobra que produce en nosotros una muerte cercana, siempre inesperada, siempre inoportuna. Lo cuál provoca aún más el desequilibrio, la falta de claridad de las ideas, el desorden en las rutinas, pero sobre todo afecta al estado de ánimo, a la energía que eres capaz de extraer de ti mismo. Todos los fines se vuelven difusos, poco importantes en sí mismos, todas las alegrías son replanteadas y la vida deja de funcionar como un todo para convertirse en una suma de actos, la mayoría dolorosos o poco placenteros. Sin embargo, el descanso, la aparición de alguna sorpresa agradable, la presencia de compañías deseadas puede volver a equilibrar nuestra percepción vital y a conjurar el potencial peligro de deriva que avistábamos.
miércoles, 23 de marzo de 2011
La vida alegre
Ayer, mientras paseaba distraidamente en una hora de descanso laboral, observé a tres jóvenes (dos chicos y una chica) que jugaban ociosos con un perro: uno de ellos lanzaba piedras y un palo hacia unas palomas que debían tener sus nidos en los agujeros de un muro de hormigón, y el perro hacía ademán de perseguir a las palomas y además volvía siempre con el palo. Tenían una edad en la que hubieran debido estar estudiando o comenzando su vida laboral, aprendiendo a asumir responsabilidades, y sin embargo disfrutaban de un ocio seguramente amparado por el paraguas de sus padres, aún ajenos a horarios, a responsabilidades, con todo el tiempo del mundo por delante, ocupados tan sólo en matar el aburrimiento con una tormenta de ideas diaria para ver de que manera podían estar bajo el sol sin gastar el dinero que no tenían, extendiendo los juegos de su infancia todo lo posible para no sentirse inútiles o vacíos. No pude sino envidiar su concepción ilimitada del tiempo, pero sobre todo, compararlos con los chicos de su misma edad que en ese momento seguían las clases regladas para poder tener una formación, concentrados en sus tareas, con un objetivo fijo, intentando resolver su futuro de una forma aceptable, continuando con la labor de sus mayores en esta sociedad que hemos construido. Los mismos seres, pero tan diferentes...
miércoles, 16 de febrero de 2011
Miedo de los números
A veces me asustan los números, o mejor dicho una conjunción de ellos, como una secuencia de nueves en el cuentakilómetros del coche, o varios unos en el contador de visitas de una página. En realidad el problema es la buena memoria y la cantidad de números que se nos aparece cada día ante los ojos: teléfonos móviles, matrículas de coches, fechas, direcciones IP, facturas, audiencias de televisión, etc.
Desde siempre cualquier concordancia no esperada o improbable me ha causado desasosiego, pero ahora la de los números supera a cualquiera de los temores clásicos, aunque por el contrario hay algunas secuencias numéricas que considero "buenas", de buen augurio, como una aparición masiva de cuatros o de sietes. Las que más me preocupan, seguramente por el peligro potencial que entraña la conducción, son las del cuentakilómetros del coche; así, estoy deseando que pasen tres treses o tres nueves o tres unos, cosa difícil cuando el cuentakilómetros marca 33.3xx. En fin, en frío reconozco que son manías sin base científica alguna, una suerte de supersticiones, heredadas seguramente o quizás culturales.Un clásico en numerología: el oculto significado y poder de los números, mezclado con la obsesión humana por asociar fastos y nefastos a cualquier cosa memorable.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Travesuras de la niña mala
Acabo de terminar de leer este libro de Vargas Llosa, elegido a raíz de la concesión del premio Nobel a éste autor hace unas semanas. Me ha gustado la escritura, me ha emocionado en algún instante, aunque veo una estructura novelística muy clásica detrás de todo, demasiadas coincidencias en un mundo en el que los personajes no tienen tantos recursos como para considerarlo global, demasiada simetría en algunos momentos, aunque la imaginación es fantástica. Todo estaba muy organizado, todo seguía un patrón altamente determinado, muy trabajado por el autor. Algunas escenas se me han quedado en la cabeza, como la del japonés voyeur y me han suscitado ideas curiosas sobre la condición humana, sobre la potencia de la conjunción de voluntades para engañar o excluir a alguien, sobre el vacío de algunas vidas después de todo. Quiero no obstante seguir leyendo a este autor de lenguaje muy especial, muy adaptado a sus personajes. He creído ver (como tantas veces) a un alter ego del autor en el personaje principal, hasta cierto punto, cogiendo rasgos de aquí y de allá, aunque distanciándose claramente de él en algunos momentos, pero emitiendo juicios morales muy propios de Vargas Llosa. Resumiendo, libro muy recomendable para conocer la literatura del nuevo Nobel.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
El placer de conducir
He observado durante la conducción diaria, cómo determinados condutores (sobre todo hombres) llevan una cara de satisfacción tremenda, apoyados en el respaldo con delectación mientras a una velocidad no demasiado alta circulan por la autovía. No hace falta que lleven automoviles espectaculares, de hecho suelen ser bastante normalitos, incluso tirando a un poco antiguos, eso sí, pulcros, limpísimos, cuidados hasta el hartazgo. Para sus dueños esos coches son su posesión más preciada. Ni tan siquiera van admirando el paisje, tan lleno de colores en estos días soleados de noviembre, ni a los otros conductores; van hieráticos en sus asientos, sintiendo la potencia del coche (siempre excesiva cuando se compara con otros automóviles que condujeron en el pasado), el sonido, las pequeñas o grandes vibraciones que produce el motor, sintiéndose los mejores conductores de la carretera, los hombres más felices del mundo, dueños de una tecnología que cualquiera de sus antepasados no habría ni siquiera soñado. ¡Qué felicidad! En realidad los anuncios de coches de lujo en televisión tienen razón: ¡El placer de conducir!.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Philip y los otros
Acabo de terminar de leer la novela de Cees Nooteboom titulada Philip y los otros, considerada por el autor como una novela de juventud, un tanto romántica e inocente. Me ha parecido un relato interesante, aunque por momentos perdí el sentido de lo que se decía o contaba, pues la novela se acerca al surrealismo. Aún así, hay pinceladas importantes que me han dejado algo: la búsqueda, los estilos de vida de una época muy temprana tras la Guerra Mundial, los viajes, el vivir al margen de lo que consideramos la sociedad, subsistiendo y buscando aventuras, la belleza de algunos paisajes, la rareza de los personajes que coincide con la rareza de cada uno de nosotros, la búsqueda de la belleza aún en situaciones desesperadas. Me ha gustado el sentido de la narración, el sentido que otorgan las historias que se cuentan a cada uno de los personajes, aunque no es una narración convencional, deja muchos cabos sueltos, prepara el terreno para contar situaciones que luego no existen, es decir, en cierto modo desperdicia situaciones creadas. Posiblemente esta generosidad al cortar las historias posibles es lo que hace que tuviera tan buenas críticas en su tiempo, la posibilidad de imaginar situaciones al filo de las historias que aquí se narran. Sí me ha gustado, más en la seguridad de que he leído algo diferente, que en la calidad absoluta que le otorgo a la novela.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)