viernes, 12 de septiembre de 2008

Teatro

¿Cómo puede provocar tal cantidad de pensamientos una obra de teatro, despertar tantas inquietudes, trastornar, remover tantas conciencias?. Tan solo un par de personajes en "Seis clases de baile en seis semanas", Juanjo Artero y Lola Herrera son capaces en algo menos de dos horas de todo esto, con una ambientación magnífica, provocando una revisión constante de nuestra vida cotidiana, una revisión inteligente, un deseo de imitar movimientos, frases, pensamientos. A mí personalmente no me gustó el desenlace ni los minutos finales, en los que se acumularon varios tópicos, y sí mucho la parte inicial en la que se interpretaba de una forma muy personal el significado de distintos bailes, con diálogos sorprendentes y un lenguaje corporal muy trabajado, muy propio del teatro. Siempre he pensado que la mejor forma de adquirir ideas, de pensar más allá de lo que pensamos en la vida cotidiana, es asistir a comprobar el trabajo de otros en ese campo, o leer, o contemplar fotografías, pintura, escultura. Todo esto te hace sentir vivo, con ganas de hacer cosas, sentirte acompañado en medio de la soledad natural.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Libros

En casa tengo más libros sin leer que leídos. Esto me produce un poco de desasosiego a veces, pero las más de ellas me produce esperanza e ilusión, aunque sé que el ritmo de vida que llevo no me permitirá leer todo aquello que quisiera. Algunos son libros de consulta que raras veces son consultados, otros son libros de poemas en los que he hecho alguna que otra incursión, sin llegar a leerlos de forma sistemática. A veces pienso que me gustaría leer el Antiguo Testamento con calma, investigando procedencias y destinos y conexiones, otras creo que me gustaría leer una vez más El Quijote, o Los Miserables, o un tomo enorme sobre Felipe II de Manuel Fernández Álvarez, pero inmediatamente me da una pereza terrible y lo pospongo para otro momento, consciente del engaño. Parece esto una metáfora de la vida, de las grandes cuestiones que nos dan pereza y son desechadas nada más pasar por la cabeza su sola sombra.
La verdad es que tengo muchos libros, muchos proyectos de lectura, muchos leídos y olvidados, otros recordados vagamente, otros venerados, y que si me pongo a pensar en cuándo los leí, con ellos presentes empiezo a recordar situaciones de esa época y sobre todo sensaciones (muchas de ellas seguramente ya falsas, acomodadas por el pensamiento y el olvido). Por ejemplo recuerdo claramente cuando leí el primer libro que cayó en mis manos de Saramago, hace unos 16 años, cuando apenas nadie le conocía: Memorial del Convento, un libro sacado de una biblioteca pública de un pueblo lejano en un momento de soledad y de cambio, y la magia que encontré en él. Este libro me abrió la puerta a toda la novela de este escritor portugués que luego sería premio nobel con el tiempo. Sobre él escribiré otro día.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Shalimar el payaso


Cada novedad de Salman Rushdie es un acontecimiento literario para los sentidos, un enorme campo de aprendizaje de las emociones, sentimientos, actos, causas y consecuencias. Esta novela que terminé de leer anoche es compleja, densa, fantástica, llena de poesía, diferente y difícil y erudita y asequible al mismo tiempo. Revela documentación y trabajo, inspiración conocimiento profundo de determinadas naturalezas: terroristas, millonarios, almas perseguidas por la conciencia, magia, conflicto, la historia al servicio de la narración descarnada.
Ha sido una lectura lenta, de casi todo el verano, a poquitos, cuando encontraba un hueco de tranquilidad y concentración, cosa cada vez más complicada. Apenas he hablado con nadie de este libro, apenas conozco a nadie que haya leído a este autor, maldito entre los malditos desde los Versículos Satánicos que no he leído, aunque sí Hijos de la Media Noche, y Furia, y El Último Suspiro del Moro, todas ellas fantásticas, todas ellas impregnadas del conocimiento del ser humano, de la India incógnita, llenas de detalles inteligentes y muy acabadas, muy completas, muy literarias. Lástima no leerlas en inglés. Me quedo con el concepto de las redes invisibles del mundo, con la poética del amor-muerte, con la resignación, la perseverancia y la búsqueda de lo imposible.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Noche solitaria

Es un tema recurrente, cada vez que se hace algo extraordinario entre semana, comparar la noche con el día o con noches de fin de semana donde el consenso un poco idiota dice que hay que lanzarse a la calle para disfrutar lo que nos negamos entre semana en un acuerdo tácito para poder trabajar y descansar. Anoche estaba todo el barrio de las Delicias durmiendo con las ventanas abiertas por el calor, tan sólo algunas parejas despidiéndose en coches aparcados en doble fila; apenas nadie paseando. Luego el silencio. Algo de inseguridad, la tranquilidad conseguida por la civilización, el invento de la policía que nos protege a los débiles, la educación. Por caminar solo en la noche, volviendo a casa tras una velada extraordinaria y agradable, te conviertes en sospechoso mientras sales de tu mundo diurno, lleno de lugares conocidos, de seguridades aparentes, de cotidianeidad. ¿Cuántos mundos diferentes, cuántas noches, cuan largas cuando no hay cama para dormir ni nadie que te espere o que te eche en falta a la mañana siguiente?. Cada vez veo que es más importante esa compañía, esa pareja que nos proporciona la ilusión de no estar solos en el mundo, que nos permite engañar el transcurso vital con muchos pequeños momentos preciosos, inestimables, irrepetibles, que nos devuelve al mundo conocido cada vez que por azar nos asomamos a las tinieblas de una noche solitaria. Qué desasosiego cuando se aleja mentalmente de uno, cuando esa comunión cotidiana desaparece.

jueves, 28 de agosto de 2008

Melancolía


En un grabado de Durero así titulado, Melancolía, que ahora que lo pienso supongo que estará bien traducido del alemán, aparece un tipo pensativo, y la recreación de su pensamiento es nada menos que un cuadrado mágico (ese en el que la suma de sus filas, columnas y diagonales coincide) de tamaño 4 por 4 en el que están colocados los números naturales del 1 al 16. Es un cuadrado mágico difícil de construir. Hay una técnica bien conocida para construir los cuadrados mágicos de tamaño impar, pero los pares son en general difíciles. Pero no es esta melancolía a la que quería referirme, sino a la que me ha acontecido estos días últimos en las fiestas del pueblo a las que llevo asistiendo con conocimiento más de 25 años. Las ausencias, la edad, el aspecto físico, las rutinas repetidas por otros que ya no somos nosotros, las presencias inesperadas, la vuelta al pasado, los recuerdos rememorados, anclados en ellos en vez de intentar nuevas diversiones. Ese es el error, la vuelta a pasado no funciona, hay que tratar de renovarse, de crear nuevas situaciones, de renunciar durante esos días al recuerdo, pero eso es difícil cuando los programas se repiten calcados, cuando casi todo el mundo insiste en emular lo ya vivido. Al final se apodera de ti una sensación de soledad difícil de reprimir, más si coincide con la llamada crisis de los 40, más si le pasa a más gente a tu alrededor, soledad ante la vida, ante las vivencias, ante el resto de la especie humana, tan previsible, tan egoísta, tan animal a pesar de toda la elaboración del pensamiento, de toda la lógica, de toda la experiencia, de toda la historia, de toda la educación.

viernes, 8 de agosto de 2008

Paseos por la montaña

Durante las vacaciones en la sierra de Hervás descubro cada año senderos que atraviesan la aparentemente inextricable vegetación, caminos no tan ocultos, transitados por burros u otros animales a juzgar por los excrementos. Nunca me encuentro a nadie, bien por no ser la hora propicia para que los lugareños pasen por allí, bien por la baja frecuencia con que son utilizados. Utilizando mapas topográficos de la zona he descubierto algunas rutas que suben a la llamada pista Heidi trazada sobre la sierra a lo largo de 26 kilómetros. Conozco los extremos y otras 4 formas de llegar a puntos intermedios. Creo que cada año están menos utilizados los senderos, a pesar de que algunos utilizados como rutas de senderismo están más hollados y mejor señalizados, pero los que no vienen en las guías o no están marcados son difíciles de encontrar; algunos están empedrados desde hace cientos de años, pero la maleza terminará por ocultarlos. Es una realidad que una forma de vida rural, de cultivar prados y ganado en las tierras altas está en vías de desaparecer dado lo costoso del trabajo y el bajo rendimiento económico que produce. Eso se llevará por delante toda la red de senderos horadados y transmitidos durante generaciones. Es la vida del consumo, el capitalismo exacerbado lo que termina con estas formas de vida.

viernes, 1 de agosto de 2008

Días de piscina

Al contemplar esta tarde la escena que se daba en la piscina comunitaria, con niños bañándose vigilados por sus madres, mientras dos padres (los dos únicos que había en torno a la piscina), charlaban aparte en posición de machos de la manada, no he podido menos que pensar en la imagen ancestral de una manada de grandes monos bañándose en una charca hace cientos de miles de años, y repitiéndose una vez tras otra a lo largo de los tiempos. No hemos cambiado mucho en todo este tiempo, pese a la educación, a los avances tecnológicos, a la experiencia, a la cultura, a la modernidad. De hecho somos más parecidos de lo que creemos a nuestros antepasados más lejanos: en cuanto las cosas se ponen feas ya no hay educación ni cultura ni aprendizaje que valga, nos volvemos violentos, agresivos, capaces de matar por defender el territorio o la estirpe o el honor, o cualquier otra cosa que se nos antoje defendible. Lo más increíble y a la vez problemático es que casi nadie se cree esto en frío y siendo así no estamos preparados para si se diera el caso. Sin embargo todos reconocemos haber visto en la televisión algún caso de violencia doméstica en el que siempre un vecino del presunto agresor o agresora declara que era una persona normal, incapaz de matar a una mosca, en definitiva de la que nadie habría sospechado jamás. En fin, que somos simios un poco maquillados, un poco barnizados por unos pocos años de historia.