lunes, 14 de abril de 2008

Equilibrios

Qué difícil establecer equilibrios vitales, entre lo que se tiene, lo que se quiere, lo que es posible, y la vida misma. En algunos instantes del día uno se siente afortunado, otros por contra quisiera desdoblarse en varios sujetos, envidiando cada historia conocida y aún incógnita, imaginada, inventada. Y sin embargo vivir consiste en eso, salvo cuando la propia subsistencia está en juego, cuándo uno no tiene tiempo siquiera de pensar en veleidades acuciado por otros problemas más urgentes. Cuando los mínimos vitales están cubiertos, la clave consiste en regenerarse, ir inventando nuevas metas, cultivar aficiones y amistades, sentirse útil, huir del aburrimiento y de la rutina. Es fácil de decir, pero a veces se agotan las energías y es imposible plantearse nada. Hay días en los que a duras penas conseguimos componer la figura, asearnos, mantenernos erguidos, en los que lo que pide el cuerpo es hacerse un ovillo y quedarse quieto esperando...

jueves, 3 de abril de 2008

Nacimiento de un bebé

Casi tres meses después de que haya nacido mi hijo quiero dejar constancia de algunas cosas que he ido descubriendo, que seguramente al resto de los mortales que hayan pasado por esta experiencia no les resultarán novedosas. La primera es que no sentí una vinculación especial con él nada más nacer, pero poco a poco me doy cuenta de que la voy adquiriendo, pero muy poco a poco. La segunda es que durante un tiempo me he sentido bastante egoísta respecto a él: no estaba dispuesto a hacer demasiados cambios en mi vida ante la llegada del bebé, pero esto creo que tiene también que ver con una filosofía educativa que consiste en no hacer al bebé el centro de tu mundo. La tercera es que he sentido que son en realidad los gestos que hace el bebé y que en particular te hace a ti, es decir en cierto modo las atenciones que te dispensa, las que al final hacen que sientas una debilidad especial por el personajillo. Eso debe ser una pura adaptación de supervivencia, casi ajena a cualquier cultura. Hay que ser muy duro de mollera para no sentirse impresionado ante la velocidad de los cambios en el niño, y muy duro de corazón para no "ablandarse" ante la colección de gesticulaciones de que es capaz. Tengo la vaga sensación de felicidad sin entrar en detalles, pero no una felicidad obligada por el cumplimiento de un deseo tan largo tiempo esperado, sino una nebulosa en la que muchas cosas han dejado de ser importantes. También me está ayudando a conocerme un poco más en aspectos en los que nunca había reparado.

miércoles, 2 de abril de 2008

La llegada de la primavera

Es curioso como se ha pasado "el tiempo de los graves estudios" que decía el padre Feijoó con la llegada del calor. Al cuerpo desganado lo que le apetece es aventurarse por los prados correteando libremente, en vez de estar encerrado entre cuatro paredes ejercitando mente y espíritu. He visto esta tarde una pandilla de adolescentes que hace una semana no se hubiera reunido, o al menos no al aire libre, alegres, ilusionados, esperanzados, disfrutando del sol de primavera. También ancianos que apenas se tenían en pie aprovechaban para darse su baño de sol y alejar reúmas y demás achaques de la edad. En fin, que habrá que hacerse al nuevo tiempo, trabajar un poco y disfrutar un mucho si es posible, puesto que parece que todas las fuerzas y bellezas de la naturaleza se alían para que lo hagamos.

lunes, 17 de marzo de 2008

La intimidad de uno mismo

Hoy mientras caminaba absorto escuchando en mi MP3 a Cecilia Bártoli he notado una presencia a mi espalda. Era un hombre corpulento, impecablemente trajeado, caminando rápido un metro detrás de mí. Enseguida he descubierto que mi apercibimiento de su presencia era debido a un sonido que iba emitiendo: silbaba. Curioso como soy he bajado el volumen para reconocer inmediatamente que estaba silbando la misma melodía que yo escuchaba con mis cascos. Me ha sorprendido muchísimo la ¿coincidencia?. El disco de Cecilia Bártoli que escuchaba es un homenaje a la Mezzosoprano española María Malibrán, relativamente reciente, aunque espectacular. Mi sorpresa deriva de que: 1.- no conozco a mucha gente que haya escuchado este disco; 2.- coincidía exactamente en el tiempo la canción que escuchaba con la melodía que el señor silbaba; 3.- con el volumen que yo tenía en mis cascos era imposible que me escuchara. A partir de ahí he pensado que tal vez el fulano tuviese la rara habilidad de leer el pensamiento de los demás, o de escuchar frecuencias inaudibles para un oído corriente, aún sin él ser consciente de ello. Y ya desbarrando completamente me ha dado por pensar que cada uno de nosotros pudiera tener habilidades que no cuenta a los demás (porque no las conoce o porque forman parte de su intimidad) con lo que en realidad sólo nos conoceríamos (y escasamente) a nosotros mismos y desconoceríamos aspectos importantes sobre todos los demás. Sería terrible este descubrimiento. El mundo patas arriba en un instante. Los mecanismos internos de cada cual serían un misterio para los demás. Es como descubrir algo que todo el mundo sabe menos tú. En fin, tonterías de pensamientos.

miércoles, 5 de marzo de 2008

La absurda vida cotidiana

Absurda porque he estado en un atasco producido por una manifestación y he comprobado lo inútil de estar condenado por el coche a estar dentro, pendiente, irritado. Seguramente la manifestación no sirve para nada, en el sentido de que se pierde mucho más de lo que se gana. Absurdas son la mayoría de las acciones que llevamos a cabo cada día, pensando que nos va la vida en ello y que enseguida son pasado y ni nos importa, incapaces como somos de anticipar nuestro pensamiento y contemplar de alguna manera nuestras acciones a "posteriori". La verdad es que anticipamos algunos actos pensando que será mejor para nosotros en el futuro, y muchas veces eso no es ni cierto. No hacer esto o lo otro, cuidarse mucho, no arriesgar, vivir una vida monótona sin alegrías, sin salirse de un guión trazado previamente, votar al partido político de siempre, hacer diariamente la misma ruta, escuchar siempre los mismos previsibles comentarios, conversaciones; no ir más allá. Me arrepiento cada día de no pasear por el campo o de no mirar la belleza de las estrellas en las noches despejadas de frío intenso, y a cambio de pasar más de dos horas diarias delante de la televisión. Me arrepiento de no viajar todo lo que pueda, de no leer más, de no ser suficientemente punzante en las conversaciones en las que participo.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Universos paralelos

Ayer, en una tarde plomiza pero bulliciosa en la calle pude observar caminando cómo la mayoría de la gente con la que me cruzaba parecía caminar en otro universo diferente del mío, las miradas perdidas, serias, caminando deprisa sin contemplar nada de lo que les rodeaba, como si fueran enfilados en una vía invisible de un solo sentido. La verdad es que yo paseaba sin una prisa enorme, con ropa cómoda deportiva, escuchando a Cecilia Bártoli en mis cascos, feliz de esa escucha, de ese paseo, del bullicio de gente que iba y venía. Pensé que estaba fuera de sitio en medio de la calle paseando, que tal vez debería haber ido en coche o en autobús que es lo que hacemos habitualmente, dada la prisa y la vagancia que nos invade. Todos parecemos tan iguales, y somos sin embargo tan diferentes, tanto que a veces uno se encuentra fuera de sitio sin saber qué hacer o qué decir o dónde mirar. Son tan diferentes nuestras preocupaciones vitales, tan distintos los valores personales que tenemos que parece que vivimos en mundos distintos.

viernes, 8 de febrero de 2008

Felicidad

¿Qué nos causa felicidad a los humanos? Depende. Hay quien es feliz cuando tiene unas buenas expectativas a corto plazo. Hay quien lo es al encontrarse de forma súbita con un regalo del destino, o quien se da cuenta cada día de que respira y se encuentra bien de salud y eso es más que suficiente. La verdad es que es un estado que no dura mucho; siempre surgen preocupaciones o complicaciones que lo arruinan todo. Es muy difícil mantenerse en un estado plácido o de felicidad constante, pues las expectativas rara vez dependen de nosotros al cien por cien, la salud es fluctuante, hay que dedicar tiempo a cuidarse o a mantenerse, y todo tiene fecha de caducidad. Quizás la ignorancia o las creencias irracionales pueden expandir ese estado de satisfacción o de esperanza (¿eterna?). En mi óptica sólo caben por ahora momentos de felicidad absoluta que se desvanecen en el instante en el que empiezo a pensar en el futuro, mezclados con otros de cansancio infinito en el que cuesta un triunfo mantener el tipo.