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miércoles, 1 de noviembre de 2023

MAÑANA Y TARDE, Jon Fosse

Cuento largo

Nórdica/Deconatus

112 páginas

2023

Una maravilla de relato, muy original, el nacimiento y la miuerte de un hombre que sirve como excusa para contarnos de una forma intimista, con un estilo muy particular, el mundo en el que ha vivido y los principales acontecimientos de la vida de esta persona.
El libro hace reflexionar sobre los apegos a otras personas, a los objetos, al propio cuerpo, las vidas duras y cotidianas, tan queridas, la normalidad, las relaciones con otras personas que fueron importantes. 
Hay recuerdos que aparecen súbitamente en el tránsito final, espejismos, la aceptación de lo que va viniendo y el olvido, la felicidad del recuerdo y la belleza de las cosas cotidianas. 
Había leído una crítica banal del libro, seguramente escrita por alguien que no ha entendido nada, al que no le ha dejado ninguna pose ni en el fondo ni en el estilo. A mí me han encantado ambos: la idea orginal y el estilo ameno y ligero, con repeticiones que van variando levemente y que incorporan información en cada ciclo. 
Hay soledad, hay aceptación de las vicisitudes vitales, hay amor por las cosas y por las personas, también por las rutinas diarias y por objetos que utilizamos cada día.
Me ha gustado mucho ese acercamiento tan natural a la muerte, la aceptación de esta y la sencillez con la que están dibujados los personajes que aparecen y la sociedad de la época. 
En definitiva, una buena lectura, diferente y evocadora, capaz de hacernos reflexionar sobre las cosas importantes de la vida.



lunes, 27 de octubre de 2008

Objetos

Cada uno de los pequeños objetos que nos rodean, que conservamos o que hemos perdido en otras casas, en otros mundos suelen ser fuentes enormes de información y de memoria. Aquél lo compramos en Venecia, en una mañana soleada de primavera, después de un agotamiento tremendo de tanto ir y venir, de tanta belleza, de tanto huir de las manadas de turistas (como nosotros mismos por cierto); éste otro es un objeto artesano adquirido un invierno de soledad, un sujetalibros de bronce precioso; ése de ahí me lo regalaron cuando cambié de trabajo y me recuerda a los compañeros de tantos años; y así cada uno de los objetos que hay en nuestra casa forma parte de nuestra historia, la personal y la de pareja o familia. Algunos objetos se heredan de generación en generación, adquiriendo un valor añadido emocional. Sucede también con los libros, con los poemas que uno escribe pensando que para nada sirven o que son el fruto de un desahogo o de una necesidad y a veces son más precisos y preciosos que un diario personal. Y sin embargo la memoria nos traiciona con algunos objetos, aunque no siempre; en el momento más inesperado salta una chispa de claridad en la que recordamos sensaciones, aunque no detalles, algo así como lo que queda cuando todo se ha olvidado, eso que nos hace ser tan nosotros, que nos define un poco, que nos hace únicos para nosotros mismos y tal vez para nuestra pareja o nuestros allegados.
Hay sin embargo objetos que detestamos porque nos suponen un dolor insoportable, o un recuerdo amargo, o una traición, o la presencia de alguien que ya no está entre nosotros (no necesariamente difunto, sino olvidado, desterrado) y que conservamos sin saber muy bien porqué, salvo porque somos inteligentes y no exclusivamente hedonistas, y nos nutrimos de dolor y de recuerdos tristes tanto como de alegría y placer en un equilibrio sumamente inestable. Todos los objetos que nos rodean nos hacen un poco más nosotros, un poco más nuestro pasado. Un poco más nuestro futuro.