miércoles, 3 de septiembre de 2008

Noche solitaria

Es un tema recurrente, cada vez que se hace algo extraordinario entre semana, comparar la noche con el día o con noches de fin de semana donde el consenso un poco idiota dice que hay que lanzarse a la calle para disfrutar lo que nos negamos entre semana en un acuerdo tácito para poder trabajar y descansar. Anoche estaba todo el barrio de las Delicias durmiendo con las ventanas abiertas por el calor, tan sólo algunas parejas despidiéndose en coches aparcados en doble fila; apenas nadie paseando. Luego el silencio. Algo de inseguridad, la tranquilidad conseguida por la civilización, el invento de la policía que nos protege a los débiles, la educación. Por caminar solo en la noche, volviendo a casa tras una velada extraordinaria y agradable, te conviertes en sospechoso mientras sales de tu mundo diurno, lleno de lugares conocidos, de seguridades aparentes, de cotidianeidad. ¿Cuántos mundos diferentes, cuántas noches, cuan largas cuando no hay cama para dormir ni nadie que te espere o que te eche en falta a la mañana siguiente?. Cada vez veo que es más importante esa compañía, esa pareja que nos proporciona la ilusión de no estar solos en el mundo, que nos permite engañar el transcurso vital con muchos pequeños momentos preciosos, inestimables, irrepetibles, que nos devuelve al mundo conocido cada vez que por azar nos asomamos a las tinieblas de una noche solitaria. Qué desasosiego cuando se aleja mentalmente de uno, cuando esa comunión cotidiana desaparece.

jueves, 28 de agosto de 2008

Melancolía


En un grabado de Durero así titulado, Melancolía, que ahora que lo pienso supongo que estará bien traducido del alemán, aparece un tipo pensativo, y la recreación de su pensamiento es nada menos que un cuadrado mágico (ese en el que la suma de sus filas, columnas y diagonales coincide) de tamaño 4 por 4 en el que están colocados los números naturales del 1 al 16. Es un cuadrado mágico difícil de construir. Hay una técnica bien conocida para construir los cuadrados mágicos de tamaño impar, pero los pares son en general difíciles. Pero no es esta melancolía a la que quería referirme, sino a la que me ha acontecido estos días últimos en las fiestas del pueblo a las que llevo asistiendo con conocimiento más de 25 años. Las ausencias, la edad, el aspecto físico, las rutinas repetidas por otros que ya no somos nosotros, las presencias inesperadas, la vuelta al pasado, los recuerdos rememorados, anclados en ellos en vez de intentar nuevas diversiones. Ese es el error, la vuelta a pasado no funciona, hay que tratar de renovarse, de crear nuevas situaciones, de renunciar durante esos días al recuerdo, pero eso es difícil cuando los programas se repiten calcados, cuando casi todo el mundo insiste en emular lo ya vivido. Al final se apodera de ti una sensación de soledad difícil de reprimir, más si coincide con la llamada crisis de los 40, más si le pasa a más gente a tu alrededor, soledad ante la vida, ante las vivencias, ante el resto de la especie humana, tan previsible, tan egoísta, tan animal a pesar de toda la elaboración del pensamiento, de toda la lógica, de toda la experiencia, de toda la historia, de toda la educación.

viernes, 8 de agosto de 2008

Paseos por la montaña

Durante las vacaciones en la sierra de Hervás descubro cada año senderos que atraviesan la aparentemente inextricable vegetación, caminos no tan ocultos, transitados por burros u otros animales a juzgar por los excrementos. Nunca me encuentro a nadie, bien por no ser la hora propicia para que los lugareños pasen por allí, bien por la baja frecuencia con que son utilizados. Utilizando mapas topográficos de la zona he descubierto algunas rutas que suben a la llamada pista Heidi trazada sobre la sierra a lo largo de 26 kilómetros. Conozco los extremos y otras 4 formas de llegar a puntos intermedios. Creo que cada año están menos utilizados los senderos, a pesar de que algunos utilizados como rutas de senderismo están más hollados y mejor señalizados, pero los que no vienen en las guías o no están marcados son difíciles de encontrar; algunos están empedrados desde hace cientos de años, pero la maleza terminará por ocultarlos. Es una realidad que una forma de vida rural, de cultivar prados y ganado en las tierras altas está en vías de desaparecer dado lo costoso del trabajo y el bajo rendimiento económico que produce. Eso se llevará por delante toda la red de senderos horadados y transmitidos durante generaciones. Es la vida del consumo, el capitalismo exacerbado lo que termina con estas formas de vida.

viernes, 1 de agosto de 2008

Días de piscina

Al contemplar esta tarde la escena que se daba en la piscina comunitaria, con niños bañándose vigilados por sus madres, mientras dos padres (los dos únicos que había en torno a la piscina), charlaban aparte en posición de machos de la manada, no he podido menos que pensar en la imagen ancestral de una manada de grandes monos bañándose en una charca hace cientos de miles de años, y repitiéndose una vez tras otra a lo largo de los tiempos. No hemos cambiado mucho en todo este tiempo, pese a la educación, a los avances tecnológicos, a la experiencia, a la cultura, a la modernidad. De hecho somos más parecidos de lo que creemos a nuestros antepasados más lejanos: en cuanto las cosas se ponen feas ya no hay educación ni cultura ni aprendizaje que valga, nos volvemos violentos, agresivos, capaces de matar por defender el territorio o la estirpe o el honor, o cualquier otra cosa que se nos antoje defendible. Lo más increíble y a la vez problemático es que casi nadie se cree esto en frío y siendo así no estamos preparados para si se diera el caso. Sin embargo todos reconocemos haber visto en la televisión algún caso de violencia doméstica en el que siempre un vecino del presunto agresor o agresora declara que era una persona normal, incapaz de matar a una mosca, en definitiva de la que nadie habría sospechado jamás. En fin, que somos simios un poco maquillados, un poco barnizados por unos pocos años de historia.

jueves, 17 de julio de 2008

Decisiones y encrucijadas

Es difícil a veces otear el horizonte de vida personal y decidir cuál va a ser la decisión correcta. Siempre existe el recurso de tomar la decisión de no hacer nada, dejar que todo fluya tal cual, e improvisar las actuaciones según se producen los acontecimientos. Existe el dicho clásico "que me arrepienta de lo que he hecho, no de lo que no he hecho". Yo defiendo siempre que es bueno que esté la posibilidad de decidir; eso nos mantiene vivos, nos hace pensar. No hace tanto tiempo que soy consciente de que yo suelo decidir por probabilidades, y a veces de una forma difusa, mezclando esto con intuiciones, o con otras experiencias similares, vividas o leídas o vistas en el cine. Lo que está claro es que no tienes a un alter ego de control para saber si lo que has decidido es o no lo correcto, o lo mejor, o lo menos malo. Es a todas luces imposible de comprobar ni de comparar, aunque desgraciadamente tendemos a hacerlo, siempre de forma desfavorable, siempre obviando datos, sin entrar nunca en los detalles o en los indicadores principales. Por tanto se impone pensar de forma positiva que lo que has hecho ha sido lo mejor, y aceptarlo como lo único posible una vez que has tomado la decisión y esta es irrevocable. Se puede novelar o ironizar sobre otras decisiones, pero es ciencia ficción.

miércoles, 2 de julio de 2008

Estampas cotiodianas

He visto demoler esta mañana un colegio con los árboles que lo rodeaban. Se trata de convertir una estructura caduca en otra más moderna, más preparada para la docencia. ¿Cuántas veces se han destruido cosas, se han añorado, se han modificado?. El mundo sigue. Pronto olvidamos cómo era y fijamos nuestra atención en otras cosas: decenas de trabajadoras impecables, guapas, esbeltas, poco cualificadas, dirigiéndose desde todas las direcciones al centro comercial quince minutos antes de su apertura. Un gran engaño, un salario, la envidia de quienes no tienen trabajo, la vida ordenada y marcada por los horarios terribles, con leves pizcas de algo diferente en domingo o en vacaciones en los que se gasta lo ahorrado. Algunos privilegiados pueden elegir su estilo de vida, mas siempre condicionado antes o después por imponderables no elegidos.
Un ave rapaz permanecía inmóvil en lo alto de los cables del tendido eléctrico; dudé si estaba muerto, electrocutado, como tantas veces, pero no, se movió para mi alivio. Mis estampas cotidianas de los días sucesivos no serán ya estas por la mañana. Nada volverá a ser igual. Tal vez sea mejor.

martes, 1 de julio de 2008

Despedidas

Parece que todo va a continuar como si nada y no es verdad. En realidad he vivido escenas muy especiales sin apenas darles importancia, quizás debido a algún mecanismo de defensa mental elaborado a tal efecto generación tras generación. Ya no volveré a trabajar en el mismo sitio, no con las mismas personas, ni con los mismos ordenadores, y apenas he valorado cuándo ha sido el último instante en el que esto pasaba. Es más, habrá personas a las que he visto cada día, cinco días por semana durante el último año, a las que apenas volveré a ver nunca. En cierto modo es un pequeña expulsión del Paraíso a la que hemos sido condenados: muchos de nosotros acudíamos a trabajar este año encantados con lo que nos esperaba; tanto es así, que el último día parece que nos resistíamos a irnos, a dejar de trabajar, aún sabiendo que nos esperaban las vacaciones tan necesarias.
De todas formas, la experiencia nos enseña que volveremos a encontrar nuestro sitio en otro lugar y volveremos a despedirnos.